TARIMA EXTERIOR

Antes de elegir qué tipo de material utilizar para la tarima exterior de su terraza, piscina o jardín, hágase la siguiente pregunta: ¿dónde y cómo está orientada su terraza?

Si su terraza está al sol o a la sombra la mayor parte del día –sobre todo en verano, cuando se va a hacer un mayor uso de la misma– usted querrá escoger el tipo de producto que le vaya a resultar más cómodo y apropiado. El estilo o diseño, el precio y el mantenimiento futuro son factores muy importantes a valorar antes de tomar la decisión definitiva.

Cada vez está más de moda instalar tarimas de madera natural en jardines, patios y terrazas. La madera natural es un elemento que transmite nobleza, es cálido, elegante y un buen sustituto del césped, sobre todo por el consiguiente ahorro de tiempo y agua que a la larga supone.

En todo nuevo proyecto de decoración siempre nos asalta la duda en cuanto al que tipo de materiales concretos elegir. Hoy en día casi todos los materiales naturales cuentan con versiones alternativas sintéticas a modo de réplica o imitación y las tarimas de madera para exterior no son una excepción. Actualmente existe un amplio abanico de tarimas sintéticas de exterior compitiendo con las de madera natural y cada tipo tiene sus pros y sus contras.

TIPOS DE TARIMA EXTERIOR

Actualmente existen dos grandes grupos de materiales para realizar tarimas de exterior. Tenemos, por un lado, las más tradicionales en las que se utiliza la madera natural y por otro las tarimas sintéticas (deck o composite) cuya composición se basa en su totalidad o en parte de material sintético:

INSTALACION DE TARIMA EXTERIOR

Escoger y decidirse por un tipo de tarima exterior concreto es un factor muy importante, sin embargo, asegurarnos de su correcta y adecuada instalación no lo es menos.

La instalación de un suelo de tarima exterior no es algo baladí que podamos dejar en manos de aficionados, ya que una instalación incorrecta o inadecuada puede arruinar el aspecto del mejor o más caro de los materiales que podamos adquirir.

En este caso solo cabe confiar en expertos profesionales, ya que una instalación exterior debe conjugar toda una serie de factores y contingencias que no son en nada comparables al montaje de una tarima interior.

También hay que recordar que, en lo que a materiales se refiere, además de la propia tarima deberemos encargar todos los complementos necesarios para poder llevar a cabo su correcta colocación, siendo estos los rastreles y los anclajes de fijación.

Es importante tener esto en cuenta a la hora de calcular los costes reales de nuestra tarima exterior ya que, aunque las lamas de tarima conforman la partida económica más significativa, el resto de elementos necesarios (en función de sus características) pueden llegar a suponer un incremento del 35% sobre el precio de la propia tarima. Es importante a la hora de evaluar distintos presupuestos solicitar que se indiquen los precios de todas y cada una de las partidas necesarias o que, en su defecto, se nos garantice que todos estos elementos se encuentran incluidos en el precio.

Los pasos a seguir en una instalación de tarima exterior son los siguientes:

1. PREPARACIÓN

Antes de empezar a instalar lo primero que hay que tener en cuenta es el estado y la composición de la superficie que va a actuar como base, ya que ésta debe contar con la suficiente consistencia como para dar total estabilidad a la tarima. Si el tipo de base con la que contamos carece de drenaje natural deberemos asegurar una pendiente adecuada (como mínimo un 2%) que permita desaguar convenientemente tanto el agua de lluvia así como la utilizada para su limpieza o cualquier otro líquido que pudiera verterse, evitando también así la indeseada acumulación de todo tipo de residuos.

2. ENRASTRELADO

Sobre la base correcta, se iniciará la colocación de los rastreles, que deberán orientarse siempre en el sentido de la pendiente para facilitar así la adecuada evacuación del agua. Como norma general, la distancia entre rastreles deberá de ser aproximadamente de 30 a 35 cm. Una aproximación bastante correcta es que por cada m2 de tarima son necesarios unos 3,5 metros lineales de rastrel. Los rastreles deberán ser convenientemente suplementados para compensar la posible pendiente o desnivel, de tal modo que una vez montada la tarima esta quede perfectamente nivelada. En el caso de desniveles muy pronunciados existen suplementos específicos que cuentan con altura ajustable (Plots).Los rastreles son las tiras longitudinales destinadas a soportar la tarima que irá colocada directamente encima de éstos y en sentido perpendicular a los mismos. Las medidas más usuales de un rastrel suelen oscilar entre 2-4 metros de longitud, 3-6 cm de altura y 3-6 cm de anchura o base.

En la instalación de tarimas de madera exterior el tipo de rastrel más utilizado es el de pino cuperizado. Este tipo de rastreles llevan un tratamiento protector frente a la putrefacción e insectos. Para las tarimas sintéticas, además de rastreles de madera, también se puede utilizar rastreles sintéticos o incluso metálicos o de aluminio.

3. FIJACIÓN

Al contrario que en las tarimas de madera de interior, que de forma mayoritaria se encajan mediante clic o machihembrado, las piezas de las tarimas de exterior no se fijan mediante la unión física entre ellas, si no que van directamente sujetas a los rastreles que actúan a modo de soporte estructural. Existen dos razones para dejar una pequeña separación entre las piezas. El primero es evitar el estancamiento de agua de lluvia evitando así su acumulación y favoreciendo el desaguado. En segundo lugar, facilitar la ventilación evitando la condensación que por motivos de temperatura y/o humedad pudiera producirse en las cámaras de aire entre los rastreles que separan la tarima de la base del suelo. Unos pocos milímetros de separación son suficientes para evitar ambos problemas.

Existen varios sistemas de fijación para sujetar la tarima a los rastreles. La elección de uno u otro sistema puede venir predeterminada en función de diversos factores. En tarimas de madera podemos optar por atornillar la tarima directamente a los rastreles o bien utilizar grapas o lengüetas (por lo general metálicas) que intercaladas entre las piezas sujeten éstas a los rastreles. En tarimas de madera el sistema atornillado es quizá menos estético pero sin duda el más seguro. En cualquier caso y por motivos obvios deberemos asegurarnos de que todos los componentes metálicos (herrajes y tornillería) que vayamos a utilizar sean inoxidable.

En las tarimas de exterior sintéticas el sistema de anclaje viene definido y proporcionado por el propio fabricante de las mismas, aunque es muy similar al utilizado en las de madera natural.

LIMPIEZA Y MANTENIMIENTO

TARIMA EXTERIOR DE MADERA NATURAL

Un suelo de madera en exterior se encuentra permanentemente expuesto a las inclemencias del tiempo: humedad, temperatura, viento, luz solar (UV). Su cuidado y mantenimiento es esencial para prolongar su vida y aspecto.

La limpieza de un suelo de madera exterior debe realizarse con agua, mediante el uso de una manguera o máquina tipo Karcher. En cualquier caso debemos asegurarnos que la presión aplicada no sea excesiva pues podría dañar la tarima.

La mejor manera de saber si nuestra tarima de madera exterior necesita mantenimiento es observando si su color se está tornando gris y opaco, señal de degradación debido a la meteorización por agentes atmosféricos. El deterioro empieza con la pérdida de brillo de la superficie, continua con la desintegración superficial, perdiendo una de las dos funciones más importantes de nuestra tarima: su estética; después perderá su otra función básica: la protección, con la aparición de grietas y roturas.

El mantenimiento de un suelo de madera exterior debería realizarse entre 1 y 2 veces al año, aunque la frecuencia dependerá siempre de la ubicación de la tarima respecto al sol, los distintos agentes degradantes y la zona geográfica.

El tratamiento habitual para cuidar los suelos de madera exterior es el aceitado. El aceite nutre y protege la madera y su aplicación es muy rápida y sencilla. Actualmente existen aceites que incorporan filtros solares de protección eficaz frente a los rayos UV, es importante asegurarnos que el aceite que vayamos a aplicar cuente con esta característica protectora.

Cabe remarcar que durante los 2 primeros años el mantenimiento de la tarima de exterior debe ser más intensivo, una vez transcurrido este periodo inicial, con la tarima ya bien tratada y asentada, podremos ir reduciendo la frecuencia de aceitado paulatinamente.

TARIMA EXTERIOR SINTÉTICA

Como ya sabemos, la tarima exterior sintética no requiere de un mantenimiento continuado, no es necesario pintarla, barnizarla ni aplicarle selladores o aceites.

Una limpieza básica es suficiente para mantenerla en buen estado y garantizar su durabilidad. Al igual que ocurre con un suelo cerámico, piedra o cualquier pavimento de interior la limpieza de la tarima exterior sintética es muy sencilla y sólo necesitamos conocer cómo hacerlo de forma correcta.

Una limpieza periódica básica es suficiente para conservar su buen aspecto. La tarima de madera sintética ha de barrerse como si se tratase de un suelo de interior para retirar la suciedad y polvo depositada en su superficie. Es entonces cuando puede procederse a su lavado con agua y un limpia-suelos convencional.

Si la tarima no está muy sucia, se friega la superficie con una fregona y empleando un limpia-hogar corriente disuelto en agua y aplicando enérgicamente siempre en el sentido longitudinal de las piezas. Se aclara bien con agua limpia y se escurre con fregona. Este último paso de secado es fundamental para no dejar cercos de humedad sobre las piezas.

En el caso de que la tarima esté muy sucia tendremos que realizar una limpieza más exhaustiva. En este caso el método empleado será ligeramente diferente. Deberemos humedecer bien la tarima con agua limpia. Mezclar en un cubo con agua un limpia-hogar para suelos que no sea jabonoso. Después frotaremos la tarima con esta mezcla mediante un cepillo o escoba de cerdas de plástico siempre en el sentido longitudinal de las tablas (de punta a punta) para no dejar marcas en la tarima. Al finalizar el frotado aclaramos abundantemente con agua limpia para eliminar toda la suciedad y el jabón sobrante.

Por último, y lo más importante, para evitar que la tarima genere cercos de humedad en el secado es necesario estirar el agua sobrante sobre la superficie de la tarima con un haragán escurridor para suelos (utensilio especialmente indicado para pavimentos). De esta forma, el secado del agua es más rápido y uniforme a lo largo de toda la superficie consiguiendo un resultado óptimo.

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